Astrid Flores, periodista y candidata a Reina de Quito, transforma su tercer intento por la corona en una plataforma de impacto social. Su proyecto «Conectar sin lastimar» busca combatir la violencia digital.
La trayectoria de Astrid Flores hacia la candidatura de Reina de San Francisco de Quito es una cátedra de resiliencia. A sus 24 años, esta licenciada en Periodismo y maestrante en Marketing no ve el certamen como un evento fortuito, sino como el resultado de una constancia a prueba de fallos.
Tras postularse en 2019 y nuevamente en 2024 sin alcanzar la meta final, Astrid consolida en este 2025 su aspiración, demostrando que los tiempos perfectos existen para quien sabe esperar y prepararse.
Perseverancia inquebrantable
Para Astrid, el reinado es un sueño compartido que nació en la infancia, analizando galas junto a su madre con la rigurosidad de una experta. Sin embargo, esa ilusión infantil ha madurado hacia una vocación de servicio fundamentada en la fe. La candidata describe su proceso actual como una experiencia de hermandad genuina, lejos de las rivalidades estereotipadas, donde la empatía entre las diez aspirantes es la norma.

Su tranquilidad de cara a la noche final proviene de su convicción espiritual y de saber que, tras tres intentos, el simple hecho de estar presente ya valida su esfuerzo. Ella entiende que su rol es aprovechar el momento y vivirlo con corazón, dejando el resultado en manos superiores.
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El acoso en pantallas
La propuesta social de Flores, «Conectar sin lastimar», ataca una problemática que ha mutado peligrosamente. Las estadísticas son frías puesto que se han registrado 1.195 casos de acoso escolar en Ecuador entre 2022 y 2024. Pero Astrid va más allá de los números y señala una realidad cultural alarmante ejemplificada en sucesos como el del Parque Itchimbía. Allí, la violencia fue espectáculo; estudiantes y adultos grabaron la agresión para viralizarla en lugar de intervenir.
Esta «cultura del espectador» evidencia una crisis de empatía donde los jóvenes no saben cómo actuar ante el dolor ajeno. El bullying ha cruzado las paredes físicas de las aulas para instalarse en los dispositivos móviles, donde un solo clic puede amplificar el daño de manera irreversible.

Redes de apoyo real
La solución que plantea Astrid es estructural y educativa. Su meta es impactar a más de 23.000 adolescentes mediante la creación de «Guardianes Digitales», una red de apoyo entre pares que servirá de puente con los Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE).
El proyecto busca reeducar sobre el uso de la tecnología, enseñando que denunciar no es un acto de debilidad, sino de valentía. Al fusionar su formación periodística con su sensibilidad social, Astrid Flores busca instaurar una nueva narrativa en la juventud quiteña: la tecnología debe servir para conectar desde el respeto, porque la interacción humana, sea física o virtual, nunca debería doler.
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