Inversiones 2, en Rudimento, reúne a siete artistas y convierte una casa con historia en una experiencia donde el arte dialoga con la arquitectura, la memoria y el recorrido del público.
En Quito también hay arte que no entra limpio, recto y domesticado en una pared blanca. Hay propuestas que prefieren la tensión, el recorrido, la rareza y la memoria del lugar.
En esa línea se mueve Inversiones 2, la nueva muestra curada por Andrés Hessinger (Andy) y Gonzalo Zurita (Chalo), en Rudimento, un espacio del norte de la capital que vuelve a sacudir la escena alternativa con una experiencia que no se limita a exhibir obras, sino que convierte al espacio entero en parte del discurso.
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La exposición está montada en una casa readaptada en el sector de Las Casas, un sitio que arrastra varias capas de historia. Según contaron los gestores, ahí habría funcionado un sauna clandestino en los años setenta, luego una escuela primaria y después viviendas familiares. Hoy, ese mismo lugar opera como galería.
Pero no como una tradicional. Aquí todavía quedan baldosas antiguas, arcos, desniveles, rincones raros, una piscina, un turco y marcas del tiempo que no se esconden.

Ahí está una de las claves de Inversiones 2. Sus creadores insisten en que su propuesta no pasa solo por escoger artistas o colgar piezas en las paredes. Lo suyo va por la curaduría del espacio como una forma de construir relaciones entre la obra, la arquitectura y la persona que recorre la muestra. Andy lo resume: “Nos entregan una obra y nosotros hacemos una obra a la obra”. Y esa idea se siente durante toda la visita.
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La muestra reúne a siete artistas y combina instalación, escultura, textiles, video, sonido y objetos intervenidos. Hay una piedra de río con engarce de plata, una piedra volcánica con un crucifijo suspendido en tensión, esculturas textiles que parecen órganos o sistemas internos, torres de papel maché, estructuras sonoras hechas con tornamesas, vidrio encontrado con detalles en plata y una instalación en la piscina que transforma por completo la percepción del lugar.
Una de las piezas que más se roba la mirada es la de Ralex, una escultura de cartón y papel con apariencia de muñeco callejero, medio cómico, medio incómodo, que mete ironía, juego y violencia lúdica dentro del recorrido. En lugar de buscar armonía decorativa, la muestra juega con el contraste, el extrañamiento y el choque entre materiales, formas y contextos.

Ese es otro punto fuerte del proyecto. Aquí no interesa que cada obra exista aislada ni que el visitante salga recordando solo una pieza. Lo que buscan Andy y Chalo es que el show funcione como una sola experiencia. Por eso el montaje importa tanto.
Una obra puede estar suspendida frente a un arco, otra escondida en un rincón, otra dialogando con el vacío de la piscina o con la oscuridad. Todo está pensado para que el público no se pare frente a una pieza como quien revisa una vitrina, sino que tenga que caminar, doblar, regresar, mirar desde otro ángulo y dejarse llevar por el espacio.

Zurita habla de una “coreografía del espectador”. No hay esa lógica típica de fichas pegadas al lado de cada obra para explicarlo todo. En su lugar, los asistentes reciben una guía de recorrido y entran a una dinámica más libre, donde el cuerpo también participa. La experiencia no está hecha para dictarte qué pensar, sino para abrir una relación más directa con lo que ves, lo que oyes y el lugar que atraviesas.
Hessinger también plantea que en Ecuador todavía falta consolidar una idea más integral de curaduría. No solo como el acto de ordenar obras en una sala, sino como ese punto donde espacio, público y pieza se conectan.
De ahí que Inversiones haya nacido con esa intención. La primera edición ocurrió en una casa de la avenida Colón, donde ambos empezaron a reunir artistas de distintos perfiles y generaciones. Desde entonces han venido grabándolos en sus talleres, seleccionando obras y pensando cómo hacer que cada montaje tenga una identidad propia.

En el caso de Rudimento, esa búsqueda calza perfecto con el lugar. El propio Andrés, que además es dueño del espacio, contó que la galería nació en 2020 y que ya suma más de 18 exhibiciones y más de 90 artistas nacionales e internacionales. Pero incluso dentro de esa trayectoria, Inversiones 2 tiene un pulso particular porque se siente más agreste, más física y más pegada a una escena donde lo contemporáneo no necesita disfrazarse de solemnidad para ser serio.
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También hay algo importante en el tipo de artistas que participan. La muestra no está pensada desde un filtro cómodo o complaciente, sino desde una selección que apuesta por el cruce entre disciplinas, escenas y sensibilidades. Hessinger mencionó, por ejemplo, que varios de estos creadores no solo producen obra visual, sino que también están ligados al noise, al djing, a lo performático o a otros lenguajes. Esa mezcla hace que la exposición se sienta más viva y menos encasillada.












