La influencer guayaquileña enfrentó las acusaciones que la ligan a alias ‘Marino’ y al lavado de activos. En un extenso video defendió la legalidad de los negocios de su novio.
La creadora de contenido Wendy Landa decidió poner fin a la ola de críticas y especulaciones que la han colocado en el ojo del huracán. Tras el asesinato de Stalin Olivero Vargas, alias ‘Marino’, en la exclusiva zona de Isla Mocolí, las redes sociales no tuvieron piedad, tildando a Landa y a su círculo como las nuevas «Muñecas de la mafia».
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Cansada del escrutinio y visiblemente afectada, la influencer utilizó sus plataformas para desmentir cualquier vínculo con el crimen organizado. En un video de casi una hora, Landa desglosó su defensa con declaraciones que han generado un intenso debate sobre los juicios de valor en internet.
“No cobro por mi cuerpo, cobro por mi talento”
Fue directa y sin filtros. Landa negó categóricamente estar involucrada en servicios de acompañantes o catálogos sexuales. “No soy prepago, nunca he vendido mi cuerpo… No he cobrado ni un dólar por ‘tirar’”, sentenció con furia. Para acallar los rumores de lavado de activos, la guayaquileña decidió abrir sus cuentas al público: reveló que sus tarifas publicitarias oscilan entre $1,000 y $1,200 por video en TikTok, sin contar las comisiones por referidos.

Con esto, intentó justificar que su estilo de vida, incluyendo el polémico viaje a Tailandia, fue pagado con su propio esfuerzo y tarjetas de crédito, y no por financiamiento ilícito de terceros.
Desvinculación total de Alias ‘Marino’
El punto más álgido de la discusión se centró en su supuesta conexión con el cabecilla de ‘Los Lagartos’ asesinado en una cancha de fútbol. Landa fue enfática: “Nunca en mi vida lo he visto, no tenía idea de la existencia de este tipo”.

Asimismo, salió en defensa de su novio, Eduardo Freire, asegurando que él es un empresario legítimo dedicado a la administración de una cantera familiar con contratos públicos y privados. Sobre Bryan Soria, otro nombre salpicado en la investigación, admitió conocerlo solo por temas de diseño, creyendo siempre en la legalidad de sus empresas.
Amenazas, insultos y acciones legales
La situación ha escalado a niveles peligrosos. Landa confesó haber recibido amenazas de muerte contra su integridad, lo que la ha llevado a vivir con miedo. Sin embargo, no se guardó nada contra sus detractores: “A los que dicen que soy una chola zarrapastrosa: coman m… de mi parte”.

Expertos legales advierten que el linchamiento digital tiene consecuencias. Según el artículo 396 del COIP, el descrédito y la calumnia son contravenciones de cuarta clase penadas con prisión de 15 a 30 días. Mientras la investigación oficial avanza, Wendy Landa intenta limpiar su nombre, dejando claro que no es una «narcobaby», sino una profesional de marketing que se ha hecho a pulso.
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